Existen muchas formas de construir un reino, hace varios años emprendí la tarea. A veces parecía inagotable... Le ofrende mis sueños… deje en ello la vida…..A nadie pareció importarle… y a mí menos.
A sabiendas de lo que hacía, me transforme en parte de las estructuras de mi creación, en un fantasma en búsqueda de cumplir un solo objetivo, eternizar sus letras.
Hoy afirmo que no lo conseguí, pero al menos lo intente. Mis poesías solo fueron letras….letras… letras muertas… antes de haberlas parido…
En ocasiones pensaba –
-Que fácil sería derrumbar todo esto, el dolor enloquecía la mente, los ojos no veían, a pesar de ello aprendí a respirar hondo y a detener el puño. En otras ocasiones eran otras manos las que borraban en un segundo todo lo avanzado, las estructuras intermitentes a veces desaparecen así y sin previo aviso y ves caer lo que tanto esfuerzo te costo levantar.
Años dedique mi pequeña existencia solo a esto edificar mi ciudad de letras. Desgastando en ocasiones mucho más allá de lo humanamente permitido todas mis energías…. Logre construir casa tras casa, palacio tras palacio, carreteras, túneles, murallas, infernales laberintos y de cuando en cuando, fastuosos jardines, fértiles huertos, estanques de aguas cálidas, oasis placenteros…. Pero nada… nada….me fue suficiente.
No conforme con ello, tejí pacientemente noche tras noche, día tras día una enorme red de conexiones, debía llegar a Roma ese era el objetivo. Hoy creo que elegí la muerte y no la vida. Me pregunto -¿Si valió o no la pena… si algunos de mis hijos sobrevivirán a mí? Vestí mi reino de espejos, pinté paredes con lágrimas, alimente con linfa y demás fluidos el calor del fuego de cada una de mis casas .Los invadí de miles de fotografías, de recuerdos, detuve los relojes y los colgué en un alambre para así congelar las horas.
Mi real ciudad de luces intermitente, tan fuerte y tan frágil a la vez, construida por mí para refugiar a mi amor por siglos. Entre sus muros me vestí de ira, me revolqué en el dolor, vomite entrañas, parí mis hijos muertos pero también coseche flores, escuche cantar sirenas, vi fornicar a la pluma y al tintero…Cuántas imágenes…cuántas…atropellándose una tras otra, pugnando por obtener un lugar…otras solo se estrellaban contra mi cráneo y allí están todavía.
Hoy reconozco que soy, lo que soy por todo lo que he vivido… De nada me arrepiento…esto fue, es y será mi por siempre mi reino… Cuando yo no esté quedarán mis versos…Mi poesía soy yo
JEM WONG LIMA – PERÚ 25-11-2009 “A VECES CUANDO SE PIERDE SE GANA”
¿QUIÉN ES MÁS FELIZ? ¿QUIÉN HACE LO QUE DEBE O QUIÉN AMA LO QUE HACE? POR FANNY JEM WONG
Siempre me he preguntado ¿Quién es más feliz? ¿Quién hace lo que debe o quien ama lo que hace? La respuesta es obvia, pero lo curioso es que en ocasiones no resulta nada rentable.
La poesía económicamente hablando termina siendo un desastre, pocos compran libros de poesía, a eso súmale que para que te publiquen debes ahorrar y producir tus propio poemarios. Los cuales seguramente terminarás regalándolos a tus familiares y amigos. Aunque, tienes la opción como averigüe hace algún tiempo, de dejar algunos ejemplares en librerías como “Crisol”, “Época” entre otras a concesión y esperar ver si tienes suerte.
Las editoriales prefieren como opinan muchos, reeditar a los consagrados que por su excelencia comprobada ameritan la inversión, con toda justicia por cierto. Aunque me pregunto si estos grandes poetas de los que tanto disfrutamos, habrán gozado tan solo un poco de la rentabilidad de sus obras, la respuesta en la mayoría de los casos es que no fue así.
En los últimos años la moda y el dinero está en la producción de "Best Selers", quizás debiera animarme a escribir mi vida, podría resultar que mis monstruos, fantasmas, laberintos, espejos y musas inquietaran la mente de muchos hasta la sorpresa o el miedo jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. ¡Cómo me divierte imaginarme sus rostros!
-¿Sé podrá vivir de la poesía? - ¿Quién compra un poema? -¿Cuál de mis poemas vendería?
-¿Le podré poner precio a mi poesía y por ende a las emociones que las vistieron? Con mis inquietudes ingrese a “Mercado Libre” del que tanto se habla y donde se venden las cosas más insólitas según me habían comentado, pero no encontré nada extraño , ni tampoco quién vendiera un poema .Es más ni siquiera tenía la menor idea de cómo se puede hacer eso en lugar así. Vi cosas interesantes no lo niego pero nada parecido a lo que me llevo allí.
Pensar que todo esto que escribo es el resultado de haber revisado mis estados de cuenta, nunca antes alguno de ellos me sirvió de musa, pero es tiempo de cambiar y de aprovechar lo que despiertan para producir algo más útil que dolores de cabeza.
-Ahora resulta que un estado de cuenta es tu musa…. -¡Qué bárbara! -Y después de reírme por largo rato y de escribir todo esto, finalmente me respondo -No tienen precio -Mis poesías no tienen precio, porque sería tan alto que nadie podría pagarlos. -Las seguiré compartiendo con quienes las deseen leer, no viviré de ella pero sí en ella y para ella ¡Así sea!
En fin, exploré en la red, encontré que hubo otra persona con las mismas inquietudes y bueno hizo uso de su creatividad e incursionó en una nueva línea de trabajo a la que puso de nombre "Poesía a la carta" .
Les dejo la nota para que la lean me parece interesante se titula “Quien Compra Un Poema” y fue publicada en: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1595988
“QUIEN COMPRA UN POEMA”
Cuando el sentido del gusto quiere deleitarse, no hace falta ir a un costoso restaurante, ni gastarse miles de pesos en platos de la más alta cocina.
Cuando de impresionar se trata, se puede acudir a un variado y muy económico "menú" romántico, de un "restaurante" que huele a versos, que sabe a lírica y en el que la métrica y la musicalidad, se perciben en el ambiente.
Aquí, los poemas se sirven en delicadas hojas y se empacan en carpetas con dedicatoria incluida. Todo esto con el sello del lugar: "Poesía a la carta". Esta "carta" es exhibida por J.Bernal, verdadera gourmet de la poesía, de 54 años, que lleva tres atendiendo el local de versos y a quien le encanta el contacto con las personas y sus historias.
"Son tantos los poemas que me he leído que ya perdí la cuenta", dice J.Bernal. Ella se encarga de ayudar a los indecisos a elegir de los 2.700 "platos" cuál es el mejor para obsequiar, según la persona o la situación. "Cuando la gente está indecisa, les digo que me cuenten para quién es el poema y por qué lo va a regalar, y ellos me cuentan sus historias, así es más fácil ayudarlos".
Táctica y estrategia.
Una vez llegan los comensales y le plantean sus exigencias, J.Bernal pacientemente llama a los cocineros. Los más destacados chefs de la lírica, no solo nacional sino internacional, para que ayuden a aquellos que quieren halagar, felicitar o pedir perdón, como el caso de Luis Alejandro.
El es un joven ejecutivo que llega al lugar en busca de ayuda para "desembarrarla" con su novia. "Necesito un poema para pedirle perdón -dice Luis angustiado-. Nunca me imaginé estar haciendo esto, pero creo que solo con poesía puedo conseguir su perdón".
J.Bernal lo mira, sonríe y eleva sus ojos azules, pensando a qué poeta recurrir para ayudar al joven. Los más opcionados: Mario Benedetti, José Cernuda y un colombiano, Darío Jaramillo.
"Aquí hay poemas de reconciliación, puede mirarlos todos, pero le recomiendo El daño, de Darío Jaramillo", le responde J.Bernal. Un poco más entusiasmado, Luis toma asiento en compañía de un amigo y comienza a hojear el menú que le han sugerido. En efecto, la recomendación de nuestra gourmet lo ha convencido. "Póngale positivismo al asunto y verá que las cosas le salen bien", le aconseja J.Bernal.
Descanse en paz la guerra.
En Poesía a la carta tiene cabida el país entero. En el último año se le rindió un homenaje a Colombia, titulado "Descanse en paz la guerra". El menú incluía poemas referentes al desplazamiento, al enfrentamiento armado, a las masacres. Esta antología de 25 poemas que busca resarcir al país de tantas desgracias, ha encontrado un lugar importante dentro del menú. J.Bernal recomienda algunos como Caja de cartón, del bogotano Manuel Pachón, que habla de los desplazados, un plato muy fuerte para los que sienten dolor de patria. "En una caja de cartón caben muchos objetos, pero no cabe tanta rabia, tanto dolor".
J.Bernal lleva tres años recomendando poesía a los bogotanos que a diario concurren a “Poesía A La Carta”, su mayor satisfacción es ver que sus "comensales" se vayan satisfechos.
Publicación.eltiempo.com Sección: Bogotá Fecha de publicación 28 de marzo de 2004 Autor Diana Ortiz